Durango, Dgo. — La presión de saber que estás disputando tu última competencia juvenil puede quebrar a cualquiera o, por el contrario, forjar una actuación inolvidable. Para la talentosa saltadora Anahí Mier, su despedida de la Olimpiada Nacional se convirtió en la prueba de carácter más grande de su trayectoria, cerrando su ciclo con una espectacular medalla de plata y una lección de resiliencia en la fosa de arena.
Enfrentar el cierre de una etapa nunca es sencillo, y Anahí no oculta la tormenta de emociones que vivió previo a la competencia.
«Realmente iba con muchas dudas ya que era mi último año en Olimpiada y sentía demasiada presión, ansiedad y dudas», confesó la atleta.
Sin embargo, el calor del público y la presencia de sus rivales históricas encendieron su motivación. Su primera prueba fue el Salto de Longitud. Llegando ranqueada en la última posición, Anahí sacó la casta y logró escalar hasta un muy meritorio quinto lugar nacional con una marca de 5.56 metros. Aunque entregó todo en la pista, el resultado la dejó con hambre de más.
Ese trago amargo se transformó en combustible puro para su siguiente reto. «Como ya traía la espinita y la frustración de no haber ganado en longitud, siento que lo saqué en triple», relató la saltadora.
La competencia fue una auténtica montaña rusa de emociones. Su serie de saltos la mantuvo al borde del asiento:
- Inicios sólidos: Comenzó con un 12.03m, seguido de un 11.93m.
- Tensión en la fosa: Un foul en su tercer intento puso a prueba sus nervios.
- Recuperación: Logró un 12.21m, pero en la recta final de la prueba rondaba apenas entre la quinta y sexta posición.
Pero la mente de una atleta de élite marca la diferencia cuando más importa. Lejos de darse por vencida, nunca dejó de creer. «Yo me visualizaba, realmente sentía que podía saltar arriba de 12.40, máximo, que es lo que traía», recordó.
Llegó el último salto de su vida en Olimpiada Nacional. Era ahora o nunca. Con todo el coraje contenido de la prueba anterior, Anahí corrió por el carril de tartán, ejecutó las fases de su salto a la perfección y voló para clavar los spikes en unos impresionantes 12.56 metros.
Ese vuelo espectacular destrozó sus propias proyecciones y la catapultó de golpe hasta la segunda posición general, amarrando una brillante medalla de plata.
«Sí, fue creo de las mejores olimpiadas, porque remonté», concluyó con orgullo y una sonrisa la subcampeona nacional.
Un cierre de ciclo dorado –con destellos de plata– digno de una verdadera guerrera del atletismo duranguense. ¡Felicidades, Anahí!
Angel Castillo – asmdeportes.com








